Esther Gimeno

Está todo pagado

Teatro - karaoke en el que repasará la vida del duque de Lerma

Teatro Adultos

Sinopsis                           

El primer gran valido de la historia de España, "Paco Lerma", referente de nuestra campechanía ibérica, cabalga a lomos de una rata dorada y, desde un karaoke imposible, nos advierte de que seguimos siendo lo que fuimos. Asistimos a su party de oro, caspa y corrupción; la ambición política desmedida y el falso oropel siempre han estado ahí. El pasado se asoma a nuestro presente a través de un juego de espejos muy barroco para mirar a Lerma. Un Lerma que nos mira.


Memorándum 

"Está todo pagado" es una celebración de la vida y milagros de don Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma y primer gran valido de la historia de España. Este genial precursor de la especulación inmobiliaria, la corrupción política y referente de la campechanía ibérica, parece lanzarnos su alargada sombra a través de los siglos para advertirnos de que seguimos siendo lo que fuimos, de que el arribismo social, la ambición desmedida y el falso oropel siempre han estado ahí. Como diría nuestro personaje, respecto a algunas cosas, no hace falta ninguna máquina del tiempo. Yo diría que nos basta con la memoria y la literatura. 

"Está todo pagado" es, además, una celebración de todo lo barroco. Estamos ante una fábula moral, un peculiar antecedente de ese mito contemporáneo que es el "sueño americano" (y también de su envés, la tragedia), matizado por una "mediterranía" que siempre ha leído las historias de éxito desde el escarnio y la picaresca. Por este motivo, Paco Lerma es algo más que una figura histórica. Su vida tiene un punto de "vida ejemplar", de hagiografía secular, en la que poder medir nuestra miseria. Hay cierta santidad en su figura, una advertencia admirable en su ascenso y caída, un punto de prosopopeya, de abstracción con patas. Por eso, al igual que en el auto sacramental, "Está todo pagado" juega deliberadamente con el anacronismo, plantea un juego de espejos muy barroco. Ese ese mirar a un Lerma que nos mira. Es ese pasado asomado a nuestro presente, con descaro, como los viejos retratos de Velázquez.

Y, aunque no era una intención original del dramaturgo, la puesta en escena viene a respaldar todos estos propósitos. Por un lado, está el reto lanzado por una gran actriz, Esther Gimeno, que, al encarnar al duque de Lerma, lanza un guiño a ese subgénero particular de la comedia de capa y espada que es el de la mujer bizarra, travestida, al tiempo que, desde su faceta de "monologuista", establece un vínculo peculiar con el espíritu de los "géneros chicos" de la fiesta barroca. Porque precisamente es fiesta, por otro lado, lo que Alda Lozano propone desde la dirección. Un espectáculo donde la imagen, la música y la irreverencia se concilian con el fantasma de la vieja tarasca y lo pop se transforma en punk. O viceversa. Una liturgia a la que el púbico está invitado a participar (vía karaoke) y que pone en valor dramático, quizá por vez primera, la estética del meme y el chiste viral. Como diría Paco Lerma, nuestro protagonista, que empiecen el mamoneo y la fiesta.


¡Bienvenidos a la modernidad!

 

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